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Descripción

«Vayamos al grano: ¡el libro de Fisher es simplemente el mejor diagnóstico del dilema que tenemos! A través de ejemplos de la vida cotidiana y la cultura popular, nos entrega un despiadado retrato de nuestra miseria ideológica. Escrito desde una postura radicalmente izquierdista, Fisher no ofrece soluciones fáciles. Realismo capitalista es un llamado a un paciente trabajo teórico y político.» Slavoj Zižek

 

Como dijera alguna vez Fredric Jameson, hoy parece "más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo". Despues de la caida del mur, el capitalismo logro erigirse como el unico sistema viable; una situacion que la crisis bancaria de 2008, lejos de poner fin, agravó. Este libro analiza los principales rasgos y mecanismos del realismo capitalista como el marco ideológico en el cual vivimos. Utilizando ejemplos de la política, el cine, la música y la literatura, Mark Fisher demuestra de qué manera esta estructura permea todas las áreas de la experiencia contemporánea, cubriendo el horizonte de lo pensable y obturando la capacidad de imaginar un nuevo escenario cultural y político.

El famoso eslogan de Margaret Thatcher, según el cual "No hay alternativa", situó al liberalismo económico y con ello al libre comercio y la desregulación del mercado como el mejor y único modo para organizar las sociedades modernas. Realismo capitalista indaga en los numerosos efectos nocivos que esta "ontología de los negocios" tiene para la vida pública, dejando al desnudo que no se trața de un orden natural inevitable. La precarización del trabajo, la intensificación de la cultura del consumo, la expansión de la burocracia y de los mecanismos de control social, la gerencialización de la política, la mercantilización de la educación y el aumento de padecimientos mentales como el estrés, la depresión y los desórdenes de atención se muestran bajo esta perspectiva ya no como "errores honestos" de un sistema que tiende al bien común, sino como dispositivos orientados a bloquear toda capacidad colectiva de transformación. Ante este escenario, el antídoto pasa por la revitalización de una esfera pública que asuma las raíces colectivas de nuestra infelicidad.